Tú que llegas cuando cambian los días
y las horas se alargan y el viento sopla caliente desde el mar
y creces y te multiplicas en las llamas
de una puesta de sol y de silencio.
Tú que eres tan siempre tú
cuando caminas
donde se abraza el agua con la arena.
¿Quién vendrá tras de ti a llevarte al mundo
donde crecen los gestos de amor y las pasiones?
Tú, que guardas un sitio para cada uno de tus sentimientos
y luchas y trabajas para que nadie pueda borrar jamás
las huellas de todo lo que eres y el gran proyecto de lo que serás.
Tú, siempre tú, pequeño pez de plata entre las olas,
si me gustas por algo, es porque
siempre sabes sobrevivir cuando la muerte aprieta.
martes, 9 de junio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
Millones de personas
Cientos, miles, millones de personas buscando cada día su camino. Me emborrachaba de historias. Demasiados impactos directos en mi mente. Todo era tan intenso, indescifrable. Caminar entre olas de un mar embravecido. Los jóvenes, los viejos, los hombres, las mujeres... Todo ese sufrimiento por el que planeábamos cada noche, sin apenas mancharnos. ¿Cómo era posible no sufrir, no padecer por eso? Había una carga tan fuerte de dolor en el ambiente que a veces me costaba respirar. La anciana china, que apenas podía agacharse a recoger sus cuatro cosas cuando venía la policía. ¿Hay que vivir una vida para acabar así? De día en una calle, de noche en otra. Todos y cada uno de sus días. ¿Qué somos los que pasamos junto a ella, en qué nos hemos convertido? La gente pasaba y nadie la veía. Era como si nuestras mentes hubieran aprendido a borrar cualquier rastro de culpabilidad. Cientos, millones de personas buscando su camino entre las ruinas de una sociedad neurótica, enfermiza, terrible en su abundancia y trágica en su debilidad. ¿En qué nos hemos convertido? Hay otra mujer china. Cuando paso a su lado me sonríe, sus ojos brillan, luego sigue llorando. Cada noche, siempre en la misma esquina. ¿Qué hacemos? ¿Es que ya estamos muertos? ¿Es que ya no sentimos? ¿En qué nos hemos convertido?
domingo, 7 de junio de 2009
En la noche
Es muy tarde para casi cualquier cosa y sin embargo la avenida se agita con su carga de triste humanidad. Ha llovido y el suelo está mojado; inesperadamente ha regresado el frío a la ciudad como un hermano enfermo que volviera de pronto de muy lejos, en el peor momento.
Dos policías empujan a un hombre ebrio contra el cierre metálico de un comercio que suena con estrépito. El hombre cae al suelo y otro intenta ayudarle por detrás. El policía se vuelve y grita algo. La gente sigue su camino sin ver apenas una fracción de lo que va a ocurrir. Habrá una puñalada, un muerto, un niño sin un padre, dos juicios, tres condenas, un infierno sin fin de vidas que han colisionado en un instante…A cien metros de allí hay una prostituta negra, estilizada, con un cuerpo que se eleva directo hacia los cielos. Está mojada y en su piel se reflejan los deseos del mundo. Los dioses y demonios de media humanidad. Hay una religión que vibra en esa piel, un mundo que se agita, un desierto sin fin y un paraíso, un refugio, una cárcel, misterios, historias, perdiciones… La mujer china corre y esconde su bolsa de mercancías ─cuatro latas, dos bocadillos y tres paquetes de tabaco─, entre la rueda y el tubo de escape de una moto. A su lado, una anciana intenta recoger unos paquetes y marcharse de allí, pero ya es demasiado tarde, un policía la coge de la manga. Todo resulta demasiado tarde en su mundo cargado de años y miserias. En la noche se agitan las historias, la vida y la muerte caminan de la mano, bailan un vals enloquecido con la felicidad y la desolación. Mientras tanto, ella pasa volando, ajena a todo este escenario, seguida de su ángel, como alguien a quien no pudiera transformar todo este gran dolor.
Dos policías empujan a un hombre ebrio contra el cierre metálico de un comercio que suena con estrépito. El hombre cae al suelo y otro intenta ayudarle por detrás. El policía se vuelve y grita algo. La gente sigue su camino sin ver apenas una fracción de lo que va a ocurrir. Habrá una puñalada, un muerto, un niño sin un padre, dos juicios, tres condenas, un infierno sin fin de vidas que han colisionado en un instante…A cien metros de allí hay una prostituta negra, estilizada, con un cuerpo que se eleva directo hacia los cielos. Está mojada y en su piel se reflejan los deseos del mundo. Los dioses y demonios de media humanidad. Hay una religión que vibra en esa piel, un mundo que se agita, un desierto sin fin y un paraíso, un refugio, una cárcel, misterios, historias, perdiciones… La mujer china corre y esconde su bolsa de mercancías ─cuatro latas, dos bocadillos y tres paquetes de tabaco─, entre la rueda y el tubo de escape de una moto. A su lado, una anciana intenta recoger unos paquetes y marcharse de allí, pero ya es demasiado tarde, un policía la coge de la manga. Todo resulta demasiado tarde en su mundo cargado de años y miserias. En la noche se agitan las historias, la vida y la muerte caminan de la mano, bailan un vals enloquecido con la felicidad y la desolación. Mientras tanto, ella pasa volando, ajena a todo este escenario, seguida de su ángel, como alguien a quien no pudiera transformar todo este gran dolor.
jueves, 4 de junio de 2009
Existir
El señor Wilcott deja a un lado el libro, se quita las gafas y mira por la ventana. El barrio sigue como siempre: una anciana cruza la calle camino de la panadería; con infinito cuidado, el frutero coloca los tomates en sus cajas junto a la puerta de su establecimiento. En el balcón de enfrente, la vecina tiende la ropa, igual que lo hace cada día. Todo está en orden, como si el mundo fuera un lugar eterno, ordenado, inmutable. Si todo esto es así, ¿porqué siente ahora, de pronto, esas ganas inmensas de dejar de existir? El señor Wilcott toma una hoja de papel y comienza a escribir. La vida ─escribe─, es un lugar ajeno a mí: queda a millones de años luz de donde habito. Algunas veces, si se dan las condiciones adecuadas, puedo llegar a verla y a percibir su brillo, como el que ve a través de un telescopio las lejanas estrellas, pero eso no es suficiente. Cuando uno ha visto el cielo de esa forma, aunque sólo sea por un instante, desea verlo todo el tiempo, y ese deseo ya no desaparece nunca; permanece en su corazón eternamente. Uno pasa los días esperando que llegue la noche y quiere que ese instante en medio de la oscuridad no tenga fin.
La anciana regresa con el pan, su marido la espera en una esquina. Ella levanta la mirada hacia su ventana, le ve, y sin hacer un gesto, prosigue su camino. El señor Wilcott recuerda aquel año, lejano, en que se amaron. El tiempo, siempre el tiempo ─piensa─, luego sigue escribiendo. El mismo barrio siempre, siempre la misma gente.
La anciana regresa con el pan, su marido la espera en una esquina. Ella levanta la mirada hacia su ventana, le ve, y sin hacer un gesto, prosigue su camino. El señor Wilcott recuerda aquel año, lejano, en que se amaron. El tiempo, siempre el tiempo ─piensa─, luego sigue escribiendo. El mismo barrio siempre, siempre la misma gente.
miércoles, 3 de junio de 2009
París
El mismo día que perdió su trabajo cumplió cincuenta y cinco años, fue a una oficina de viajes y reservó un vuelo para París. Siempre había deseado ver París. Llegó al mediodía, tomó un autobús y se bajó en un punto cualquiera de la ciudad. Caminó por una avenida durante un buen rato, arrastrando tras de sí su maleta, de pronto, al doblar una esquina, vio entre unos edificios el río Sena, y un poco más allá, la torre Eiffel. Estaba lejos, demasiado lejos para ir caminando. Hacía calor. Miró a su alrededor, no había nadie. Se sentó en un banco, se tapó el rostro con las manos y lloró. Lloró por todo; lloró durante mucho tiempo.
martes, 2 de junio de 2009
Quizás
Tal vez yo ya he perdido la esperanza
no sé,
tal vez tu estás igual que yo
cansado o cansada de esperar
a que algo cambie
y nunca cambia nada
y los años, la gente y los errores
se suceden,
y en tu rostro quizás ya se ha grabado para siempre
ese gesto de adiós y de tristeza
que pone el desaliento,
la falta de esperanza,
la ausencia de un futuro acogedor.
Tal vez amigo, amiga mía,
ya no suceda nada
¿que podemos hacer?
¿seguir en el camino eternamente?
Yo no sé qué pensar,
quizás nunca encontremos la respuesta
quizás fuera mejor no haber buscado tanto,
no haber sentido tanto
no haber querido tanto
quizás fuera mejor no haber nacido.
no sé,
tal vez tu estás igual que yo
cansado o cansada de esperar
a que algo cambie
y nunca cambia nada
y los años, la gente y los errores
se suceden,
y en tu rostro quizás ya se ha grabado para siempre
ese gesto de adiós y de tristeza
que pone el desaliento,
la falta de esperanza,
la ausencia de un futuro acogedor.
Tal vez amigo, amiga mía,
ya no suceda nada
¿que podemos hacer?
¿seguir en el camino eternamente?
Yo no sé qué pensar,
quizás nunca encontremos la respuesta
quizás fuera mejor no haber buscado tanto,
no haber sentido tanto
no haber querido tanto
quizás fuera mejor no haber nacido.
lunes, 1 de junio de 2009
Todo en ella
Aquella tarde, mientras la observaba bañarse en el río, podía ver con toda claridad como en su cuerpo estaba contenido todo el carácter y la profundidad de su lejana tierra, el alma de su pueblo, su mundo, su historia y su pasado. Por sus venas corrían las aguas del Mar Báltico, el viento del Mar Negro, el frío azul y la tormenta gris que hace crecer la tempestad en las costas del mar de Barents. Su pelo se perdía en las ondas del Lena, del Volga, del Amur. Todo en ella era una promesa de encontrarse en el límite de una Tierra Nueva desconocida, un archipiélago de luz en un lugar que nadie había descubierto aún.
Aquella tarde, mientras la observaba bañarse en el río, sentí en mi corazón, con una intensidad insospechada, esa fuerza ancestral que emergía de ella, el alma de aquellos bosques, la taiga en las noches de invierno, la luz de la luna que pinta de hielo los Urales, el cielo perfecto de Siberia, los ojos de los lobos hambrientos, batallas, invasiones, muertes y nacimientos, imperios, dinastías, palacios, puentes, pueblos. Músicos y escritores, zares, príncipes y princesas, reyes, revoluciones, dioses, hombres, mujeres, niños, estepas interminables... La belleza de la vida, la fuerza y la libertad, la sangre de sus antepasados, el futuro y la esperanza, todo dentro de ella.
Aquella tarde, mientras la observaba bañarse en el río, sentí en mi corazón, con una intensidad insospechada, esa fuerza ancestral que emergía de ella, el alma de aquellos bosques, la taiga en las noches de invierno, la luz de la luna que pinta de hielo los Urales, el cielo perfecto de Siberia, los ojos de los lobos hambrientos, batallas, invasiones, muertes y nacimientos, imperios, dinastías, palacios, puentes, pueblos. Músicos y escritores, zares, príncipes y princesas, reyes, revoluciones, dioses, hombres, mujeres, niños, estepas interminables... La belleza de la vida, la fuerza y la libertad, la sangre de sus antepasados, el futuro y la esperanza, todo dentro de ella.
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